Virtud Sin Eficacia
- Don V.

- hace 3 días
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Hay una edad, no necesariamente cronologica, en la que uno comienza a sospechar que la vida no funciona como un tribunal. Durante años aceptamos, con una fe que hoy parece ingenua, que las acciones guardan una proporcion secreta con sus consecuencias, que la "bondad" inclina imperceptiblemente la balanza, que la "malicia" deja un residuo, que el universo, o alguna instancia delegada, lleva una contabilidad moral.
No es una creencia religiosa, es una expectativa narrativa. Necesitamos que el mundo tenga argumento.
La experiencia, sin embargo, introduce una anomalia dificil de ignorar. Dos conductas opuestas pueden desembocar en un mismo paisaje. La rectitud no garantiza estabilidad, el error no asegura ruina.
Hay destinos que parecen inmunes a la etica de quienes los habitan, como si las decisiones humanas fueran apenas variaciones locales dentro de un sistema demasiado vasto para registrarlas.
Durante mucho tiempo interprete esa disonancia como una injusticia. Ahora sospecho algo mas perturbador, tal vez no hay injusticia porque nunca hubo justicia en el sentido que imaginabamos.
La vida no distribuye premios ni castigos, distribuye acontecimientos. Nosotros somos quienes, a posteriori, intentamos organizarlos en una fabula comprensible.
Esto no equivale a afirmar que todo da lo mismo. La conciencia, ese testigo obstinado, desmiente de inmediato esa conclusion. Nadie atraviesa del mismo modo una accion vil que una noble, aunque las consecuencias externas sean indistinguibles.
Pero tampoco puede sostenerse la hipotesis contraria, esa de que el mundo refleje con fidelidad nuestras intenciones. Entre ambos extremos se abre una zona incomoda donde la moral existe, pero carece de poder causal visible.
Quiza el error consista en suponer que la etica es un instrumento para modificar la realidad, cuando en verdad es un metodo para habitarla. No orienta los resultados, orienta al sujeto.
Hay algo casi ofensivo en esta idea, porque priva a la virtud de su antigua promesa de eficacia. Actuar bien deja de ser una estrategia y se vuelve una forma de coherencia privada, invisible para el sistema de recompensas sociales. La bondad ya no sirve para obtener algo, apenas sirve para no convertirse en otra cosa.
Tal vez por eso, en ciertos momentos, emerge la sospecha mas extrema, si el desenlace no varia, importa realmente el camino? La pregunta no nace del cinismo sino del cansancio, que es una forma lenta de lucidez.
Sin embargo, incluso cuando la mente ensaya esa equivalencia, algo en nosotros se resiste a aceptarla por completo. No porque espere recompensa, sino porque intuye que perder esa distincion implicaria una degradacion mas profunda que cualquier fracaso.
Al final, uno descubre que la vida no es un experimento diseñado para confirmar nuestras teorias morales. Es, en el mejor de los casos, un escenario indiferente donde esas teorias se ponen a prueba sin garantias.
Ser "bueno" o "malo" no determina el argumento, pero si determina quin habla cuando el argumento termina.
Y quiza eso sea todo.
